Capítulo siete

EL SOL Y LA LUNA

Había dos amigos llamados Sol y Luna. No podían verse mucho porque Sol salía de día y Luna salía de noche. Un amanecer se encontraron y dijo Luna:

– Sol, ¿por qué salgo de noche?

– Pues porque yo salgo por el día y a ti te toca cuidar la noche – respondió Sol.

Al siguiente amanecer se volvieron a ver y se hicieron otra pregunta:

-¿Por qué doy luz por el día y no doy luz por la noche?

Tantas preguntas les hacían discutir. Querían ser amigos pero les enfadaba el hecho de no coincidir durante mucho tiempo para poder charlar, jugar y compartir momentos. Un día, Luna pensó:

-Y, si me levanto una hora antes, ¿podré hablar con el rubio de Sol?

Hizo cuanto pudo por levantarse antes pero no lo conseguía, hasta se ponía el despertador pero no podía despertarse como el Rubiales.

-Por el día, Sol está viendo cómo los pájaros y los demás animales y las personas están acompañados, ¿por qué no tengo yo a alguien a mi lado? – se preguntaba Luna.

A la mañana siguiente, el Rubiales preguntó a los pájaros:

-¿Por qué no puedo tener a mi mejor amiga a mi lado?

-No sabemos. No somos adivinos – piaron las aves.

Y Sol, el Rubiales, se sintió muy triste. Llegó la noche y Luna preguntó al mar y a los peces cómo podía ver a su amigo:

-Luna, eso no va a pasar porque cuando tú te levantas, él empieza a dormir. Son cosas de la Naturaleza y será siempre así.

¡Pobre Luna, qué triste estaba! Y se sentía aún más desilusionada sabiendo que su amistad no podía ser. Sol se sentía igual que Luna, la Lunares.

Una noche, Luna fue a la biblioteca y consultó un libro de astronomía para averiguar cómo ver a Sol de noche y descubrió que él siempre estaba ahí, de día y de noche.

-¡Mentira –gritó enfadada- ¡Ya lo hubiera visto!

Al alba del día siguiente le contó al Rubiales lo que había leído y él tampoco pudo creerlo. Pasaron días y noches enteras investigando cómo podían verse.

El mar, los peces y los pájaros seguían a su lado intentando ayudarles. Un pajarillo sabio les dio la solución: ¡les puso un vídeo que copió del ordenador de la escuela! Lo que la historia les transmitía era que siempre iban a estar juntos aunque no se vieran físicamente porque lo importante era la gran amistad que sentían y que compartirían por siempre.

Y así siguen día tras día, sabiendo que están juntos aunque no se vean y esperando ese momento en que se encuentran para saludarse:

-Buenos días, amigo Rubiales.

-Buenas noches, amiga Lunares.

Dana Spataru

5ºA COLEGIO CARMELITAS ALCOY

(Ilustración enviada por Candela, de El maletín de Candela)



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